martes, 20 de noviembre de 2007

El Dios del Hijo... II PARTE (DE SU VIDA)

II PARTE (DE SU VIDA)

Corto de medianoche

La Luna no escondía nada
(aquella noche)

Un ave distraída cantaba a media voz
(la canción del día)

(¿Apagamos la luz?)

Con siete velas se ve mejor el alma
con poca música habré de escuchar lo que germina
(en tu vientre
en el tiempo de todos
al cabo de la muerte
en los albores de la vida)
Es decir:
(tras la furia de mi semen
el estertor de nuestras generaciones
la tenacidad de las tinieblas)
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¿Quién de todos?

Qué recuerdo viajó por mis caminos oníricos
cuando no hacía más que estallar en colores.

Qué tonta profecía escribió lo que hoy escribo
desde sus Biblias
hasta sus Apocalipsis.

Qué demonio se apoderó de mí
para hacerme su cómplice
su Arlequín
y de este miedo una profecía.

Qué seudónimo me salvó del infierno
dejándome libre
y soltar mis cabellos.

Qué ángel olvidó en mis manos
estas cadenas de plata
con las que ahora me ciño.

Qué Dios rival quiso habitarme
cuando pudo ser oriundo de nadie
y no morir.

Qué Dios pueril se puso a llorar caprichoso
cuando con sus ojos vi.

Qué Dios o qué Demonio quiso verme
o perderme
cuando vencí la fe.

Qué sino se atrevió a guiarme al destino
sino para enfrentarlo
para salvarlo
para saberlo
para llegar
y partir…
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Noche de brujos

... Y aún podré pujar desde el fondo del alma
un último gemido extático.

Uno que tiña de auroras mis cabellos hondos
tintura naranja y febril
insaciables luces áridas
emisiones cáusticas
de estos ojos que recuerdan
aquel enigma senil que nos mira.

... Así soy:
leyenda prohibida oculta en perdidos destinos
ahí donde tú reclamas luz eterna
donde sólo eres el espanto esporádico del trueno.

Así soy
voracidad engullendo la eternidad en tu infinito
ahí donde mi luz no niega a las tinieblas
pues soy tu relámpago tardío
la ruina esta salvación mentida.

Pues esta es mi tormenta humana y estoica.
Mi previdencia sin cobardías.
La dignidad no establecida.
La certidumbre que me toca.
La derrota de tus dudas.
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Pluvial

Sí, yo también he sido lluvia
llanto astral del verano colapsado
ahogado flujo reclamando humedades.

Y ya detrás
acuartelado en el aire
ya sosegado
ya calmo
arrastré mi forma impalpable por otras sendas
arrepentido por ambos
extrañando.

Fui río un momento...
sí.

Fui río refrescando los ardores de tus leyes
envolviendo dulcemente los sudores de tus veredictos
ahogando insensiblemente los designios de tu fe.

Y ya juntas
tu agua y la mía
se hicieron mar desbordado
inundación inmedible de la ternura y el odio
colapso único de una verdad y una tormenta
conciencia pluvial de ti sin forma
de mí sin rostro
de lo mismo que es todo
lo que jamás dejaremos.
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Fluir como pasando

I
Insensible luz cometa, recuerdo último de pasajes crepusculares.
Centurias fugando insensatas hacia las arrastradas nubes.
Metáfora
mil veces metáfora vertida entre mis prados agridulces
y la realidad fantasmal del día opaco.

Pecado mío, hijo primigenio, umbral donde no te encuentro.
Día que destroza la noche pasada
sanguinario día cobarde que se embriaga y no me acaba.

Implícito fluir de letras entre letras
oscuros sueños virtuales
virilidad ridícula y estoica
creencia fundamentalista
versatilidad sin retórica.

(Esto sí es pecado...
un gran pecado)


II
¿Qué entiendes de todo esto?
sólo tu nombre inequívoco
se atreve a caer sin cobardías.

¿Qué entiendes de todo esto?
sólo tu vientre
situado entre tu ambiente sicótico y tus membranas esotéricas
encuentran casa propia en mí mismo.

(Donde juntos buscamos los días
donde jugamos al la luz y al infierno
donde le tironeamos a Dios su paternalismo impuro)

Yo soy el agua que mansa se arrastra sobre tu piel
porque el cielo llora y palpita.

Yo soy el que te nombra:
“amanecer”, “anochecer”.

Yo soy el que busca tu alma
y la encuentra y se exalta.

También la más sutil idea se yuxtapone a dos
o tres
o diez palmos de tristeza:
porque soy el que te nombra...
y te espanta.
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Creación nonata
Intento escribirte lo que en mi no nace.

El fin:
hacerte presente en medio de esta blanca hoja beata.

Recordarte como lo hace este insomne papel.
Y tratar de coagularte como a esta tinta mansa
que mansa se arrastra

hacia la omnipotente voluntad traidora
de mi mano
de mis designios
y de ti.

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