martes, 20 de noviembre de 2007

Sin-cero

Pues nada, para no dejar en blanco este espacio inmaterial, fundador del hiperespacio y constructor del cerebro humano, parte del cerebro universal.

El Dios del Hijo... Primera parte (De sus memorias)

Primera parte (De sus memorias

Precognición del génesis

No soy Dios ni quiero serlo.
No tengo Dios
y que Él nunca me tenga.

Me dejó una tarde de azul amargo
cuando triste por su tristeza
me dio vergüenza verlo.
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Indiferencias

Sólo un pedazo de sol se atreve
cuando lloran los hombres
su amarga letanía.

Mas hay uno que juega con pinceles
a colores imposibles
en paletas inservibles.

Sólo unos cuantos saben
de la destreza de la noche
en su insondable agudeza.

Mas hay uno que canta e incendia
que se quema
y se inunda
en indiferencias.
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Descarnación del nombre

I
Soy este mar donde no habitan las playas
este santuario que no canoniza la desnudez.

Soy esta privacidad incapaz de expulsar a los intrusos
este paraíso poco parecido al Edén.

Estoy aquí
preso por estos ojos que no distinguieron la muerte
liberado por las visiones que reconocieron la estupidez.

Y mías son también estas manos
que sudan fiebre con ansia
que sangran inanición con sed.

Pues fui atrapado por otros horarios
no los que me despertaron tras haber muerto
no los que, al meneos, alcanzaron mi perdón.


II
Pues seré este “hoy ser yo mismo”
y no por saber porqué.

Pues voy a empolvar mi yo ser auténtico
con cánticos viejos
con aún más precipitación.

A ver si cantando tras la primera noche
habré de vivirme, de nuevo
viejo o muerto
resucitado del ayer.

Así
indefinible y contrario
niño envejecido en mil vejeces prematuras
espero hoy esperé.

Y recostado al fin tras la acostumbrada hora del silencio
veré si puedo decir mi nombre
ciegamente
sin herirnos
sin decirlo otra vez.
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Cáliz
¿Acaso el ocaso
no cae del cielo?

¿Acaso la tumba
no germina dentro?

¿Acaso este ábaco
no cuenta mi tiempo?

El Dios del Hijo eterno murió para serlo.

¿Acaso no amalgamó en su cáliz quedo
algún cielo tras otro cielo
y el infierno eterno de lo eterno?
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Sin ser yo ante ti, sin conocerte, sin aún extrañarte

Todo esto huele a un pasado sin sentido...

Necesito deshacerte tras las extrañas noches
en que a mí mismo me despido.

Decirle adiós a la nostalgia de esta silueta
fumando lacónica, sin pasión
su cigarrillo.

(...y mi demencia va más allá de un par de noches a solas)

¿Cómo te llamas?
¿Podrías nombrarme?
¿Podrías en mi mirarte?
¿Amar?
¿Amarme?
(...y mi demencia va más allá de un par de noches a solas
austeras
sin más ausencias
sin tu penosa redención)


El Dios del Hijo... II PARTE (DE SU VIDA)

II PARTE (DE SU VIDA)

Corto de medianoche

La Luna no escondía nada
(aquella noche)

Un ave distraída cantaba a media voz
(la canción del día)

(¿Apagamos la luz?)

Con siete velas se ve mejor el alma
con poca música habré de escuchar lo que germina
(en tu vientre
en el tiempo de todos
al cabo de la muerte
en los albores de la vida)
Es decir:
(tras la furia de mi semen
el estertor de nuestras generaciones
la tenacidad de las tinieblas)
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¿Quién de todos?

Qué recuerdo viajó por mis caminos oníricos
cuando no hacía más que estallar en colores.

Qué tonta profecía escribió lo que hoy escribo
desde sus Biblias
hasta sus Apocalipsis.

Qué demonio se apoderó de mí
para hacerme su cómplice
su Arlequín
y de este miedo una profecía.

Qué seudónimo me salvó del infierno
dejándome libre
y soltar mis cabellos.

Qué ángel olvidó en mis manos
estas cadenas de plata
con las que ahora me ciño.

Qué Dios rival quiso habitarme
cuando pudo ser oriundo de nadie
y no morir.

Qué Dios pueril se puso a llorar caprichoso
cuando con sus ojos vi.

Qué Dios o qué Demonio quiso verme
o perderme
cuando vencí la fe.

Qué sino se atrevió a guiarme al destino
sino para enfrentarlo
para salvarlo
para saberlo
para llegar
y partir…
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Noche de brujos

... Y aún podré pujar desde el fondo del alma
un último gemido extático.

Uno que tiña de auroras mis cabellos hondos
tintura naranja y febril
insaciables luces áridas
emisiones cáusticas
de estos ojos que recuerdan
aquel enigma senil que nos mira.

... Así soy:
leyenda prohibida oculta en perdidos destinos
ahí donde tú reclamas luz eterna
donde sólo eres el espanto esporádico del trueno.

Así soy
voracidad engullendo la eternidad en tu infinito
ahí donde mi luz no niega a las tinieblas
pues soy tu relámpago tardío
la ruina esta salvación mentida.

Pues esta es mi tormenta humana y estoica.
Mi previdencia sin cobardías.
La dignidad no establecida.
La certidumbre que me toca.
La derrota de tus dudas.
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Pluvial

Sí, yo también he sido lluvia
llanto astral del verano colapsado
ahogado flujo reclamando humedades.

Y ya detrás
acuartelado en el aire
ya sosegado
ya calmo
arrastré mi forma impalpable por otras sendas
arrepentido por ambos
extrañando.

Fui río un momento...
sí.

Fui río refrescando los ardores de tus leyes
envolviendo dulcemente los sudores de tus veredictos
ahogando insensiblemente los designios de tu fe.

Y ya juntas
tu agua y la mía
se hicieron mar desbordado
inundación inmedible de la ternura y el odio
colapso único de una verdad y una tormenta
conciencia pluvial de ti sin forma
de mí sin rostro
de lo mismo que es todo
lo que jamás dejaremos.
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Fluir como pasando

I
Insensible luz cometa, recuerdo último de pasajes crepusculares.
Centurias fugando insensatas hacia las arrastradas nubes.
Metáfora
mil veces metáfora vertida entre mis prados agridulces
y la realidad fantasmal del día opaco.

Pecado mío, hijo primigenio, umbral donde no te encuentro.
Día que destroza la noche pasada
sanguinario día cobarde que se embriaga y no me acaba.

Implícito fluir de letras entre letras
oscuros sueños virtuales
virilidad ridícula y estoica
creencia fundamentalista
versatilidad sin retórica.

(Esto sí es pecado...
un gran pecado)


II
¿Qué entiendes de todo esto?
sólo tu nombre inequívoco
se atreve a caer sin cobardías.

¿Qué entiendes de todo esto?
sólo tu vientre
situado entre tu ambiente sicótico y tus membranas esotéricas
encuentran casa propia en mí mismo.

(Donde juntos buscamos los días
donde jugamos al la luz y al infierno
donde le tironeamos a Dios su paternalismo impuro)

Yo soy el agua que mansa se arrastra sobre tu piel
porque el cielo llora y palpita.

Yo soy el que te nombra:
“amanecer”, “anochecer”.

Yo soy el que busca tu alma
y la encuentra y se exalta.

También la más sutil idea se yuxtapone a dos
o tres
o diez palmos de tristeza:
porque soy el que te nombra...
y te espanta.
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Creación nonata
Intento escribirte lo que en mi no nace.

El fin:
hacerte presente en medio de esta blanca hoja beata.

Recordarte como lo hace este insomne papel.
Y tratar de coagularte como a esta tinta mansa
que mansa se arrastra

hacia la omnipotente voluntad traidora
de mi mano
de mis designios
y de ti.