jueves, 12 de junio de 2008

La génesis del fin: Los principios





Primero (Aquí, allá, ahí, acá)

No has dicho hasta donde llegan las estrellas dentro de tus mundos. Pero cuando miraste una y recordaste que la distancia a la que están no se comprende, que no es alto ni es bajo, sino lejos, tan lejos que no se comprende

dejaste entonces de llorar

y te soltaste el pelo.

Era tarde ya y no vimos la luna

y no llovía

y el tiempo callaba sin parecer eterno.

Rodaba el mundo a nuestros pies

sin que nadie huya cantando y vuelva riendo

o sonriendo

o sospechando y descubriendo.

Pero entonces saltó la brisa desde un barranco (que no era el mío) y me distrajo, queriendo dejarme perplejo, como de vez en cuando.


II

Yo no estaba ciego

cuando estos ojos no supieron mirarse en los tuyos

cuando no se percataron de este insomnio mutuo

cuando no jugué tu juego.

(por lo que no se comprende

por lo que apenas se sospecha

por lo que tampoco escondemos

por la siniestra espera)

Tal vez no estaba ciego, pero estos ojos no sintieron la profundidad terca, emergiendo de entre nosotros.

Ora para matarnos

ora para morir como el resto

ora para querernos mientras duremos.

III

Sí. Eres un diminuto aullido al que no le basta el mundo

para correr y arrebatarse

para estallar y crearse

para librarte y gobernarte.


¿Has nacido acaso para añorar tu libertad sin saciar la sed de tus sueños?

¿Para recorrer este firmamento que no se alcanza?

(ni no nos pertenece

ni nos salva

ni nos siente)


He visto caer las estrellas, también desde mis placeres.

Pero no he dicho nada.

He visto también la primera hoja del otoño, cayendo sobre la brisa, huyendo desde la nada

cubriendo el pecado

consintiendo a los locos

esculpiendo demonios.


IV

Era tarde ya, como ya es ahora

cuando nada ha comenzado

cuando hay nada por dentro.


Pues sabes que nada alcanza

que no podrás saciarte de aquello que nos sacia.

Pues sabes que te hará falta, aunque no nos falta

lo que tenemos

lo que perdimos

lo que queremos.


Y era el mundo reflejado en la retina de Dios. Ese minúsculo microbio azul y enfermo.

Y eran nuestras voces de entropía interfiriendo. Nuestros oídos soportando tormentos.

Y era un planeta tirano a ser conquistado. Una libertad con reglamentos.


Pero ya ves: no dijimos nada.

V

He visto al mar rebalsando por el borde de tus deseos.

Y te he visto inundando con tus deseos los mares que te inundan.


He visto a la calma estallar en la bronca.

Y he visto a la bronca fundar la calma.



Ahora te descubro y te veo. Yendo.

Y no comprendo nada.

Y no presiento nada.

Sólo el fin sin fin, sin estancia.

Solo, en aquel rincón.

(Que por siempre nos reclama)

Los hermanos supieron - Revelación irresoluta

Los hermanos supieron
Revelación irresoluta


Aprendemos a profetizar en voz alta. Soñamos profecías. Y sólo sucede lo que ha de suceder.

Algunos olvidan y entierran los recuerdos del mañana que nacieron con ellos, pero a otros, los vaticinios los mantienen en vilo, les cansan y deterioran, a la vez que los impulsan a transitar la vida con un sentido misional que aman, tanto cuanto desprecian.

Nadie es profeta. Nadie entiende más de lo que quiere. Nadie impregna a nadie con más de lo que sabe.

Mientras las centurias pasaron, hubo quienes dijeron que luchemos y los que dijeron que nos resignemos; los que quisieron que nos rindamos a la vez que no olvidemos nuestra dignidad, ya hace mucho mermada. Pero sólo ha sucedido lo que debió suceder. Y ahora nos dicen que dejemos las cosas así, como están: “medio bien”, “medio mal”. Ahora las cosas empeoran atrayendo la muerte y los despropósitos. Ahora continúa prosperando la gangrena del poder que pretendió taparnos.

Henos aquí, frustrados y esperanzados, haciendo verdad desde la impotencia del silencio y esperanza con la calma.

Yo he dicho: por aquí, por allá. Y he regresado al principio para repetir mis palabras.

Yo he decidido no dejar latir mi tiempo al compás de los demás tiempos, ni del tiempo primordial siquiera, ni del tiempo de la servidumbre y de los serviles, de los traidores y los comprados, de los valientes y los vencidos, aún a riesgo de perder lo que queda, lo que quepa y lo que luego sea.

He sido el origen de mi origen. Para dar a los míos mis partes.

He fundido en ella mi cuerpo para crear desde el ser original a los que reemplazarán por bien nuestros errores.

Hemos caído entonces, juntos, en los misterios de la oscuridad reemplazante de la luz, para engarzar los mecanismos de las compensaciones, los que traen felicidad y soltura.

Esa nuestra normalidad. Éste el perfil de los que cruzamos el umbral del milenio, sin saber siquiera si somos o no somos; si queremos o no queremos. Mientras a diario olemos el cambio, porque a diario se pinta el cielo con el futuro, ese que ya habíamos conocido para no asustarnos.

Pero hay una marea que me lleva hacia esa que nos arrastra a todos, a nosotros que creemos y caemos hace milenios, sospechando de nuestra divinidad salvadora y nuestra clarividencia.

Lo místico se manifiesta.

Entonces hablamos de todos los tiempos, para entender y calzar los planes, para juntar nuestros poderes aún infértiles y desconocidos. Pero, en cambio, sólo dibujamos un mapa de lo que conjuramos inconscientes como cierto y que de inmediato nombramos: “mañana”.

Entonces, un día entendimos: la revolución ha mutado para siempre y se ha apostado sobre nuestras espaldas para derramarse en las manos de nuestros hijos. Esta nuestra misión transitoria y automática. Esta la secreta claridad de nuestro tiempo. Esta la imagen de los hermanos que me han rodeado y cuyas profecías, parieron a las mías.

Todos soñamos el mañana que conocemos. Nuestros suspiros son también oráculos inequívocos y en nuestros parpadeos se abren portales que cruzan los demás tiempos. Pero las profecías son mientras no se cumplen.

Oíd, dijo entonces el todo y no salimos corriendo...

Y así sentimos que hemos llegado al fin, al ocaso de lo que se espera. Al amanecer de lo que viene.

(Algo suena porque ha estado buscando el tiempo de nuestra presencia. Algo nos mantiene despiertos)

(Los hermanos supieron)